A 60 años de la Masacre de Plaza de Mayo 0 975

Aldo Casenove, cañadense por adopción, rememora su historia ese día de 1955, cuando revistaba en el regimiento de Granaderos, formaba parte de la guardia de la Casa de Gobierno, y el ataque aéreo contra la Plaza y la Rosada produjo una matanza, entre ellos a nueve de sus camaradas.

ALDO, EL GRANADERO DE PERÓN  – Por Pablo Di tomaso

Aunque es nacido en la pequeña localidad de Sastre, en el oeste santafesino, Aldo Casenove es un cañadense más entre nosotros. Este hombre que a lo largo de su vida le dedicó mucho de sus momentos a trabajar en distintas instituciones tiene un pasado que muy pocos conocemos y es que en sus años juveniles hizo la recordada colimba en el Regimiento de Granaderos a Caballos.
En los primeros días de febrero del ´55, Aldo se dirigió hacia la ciudad de Rafaela donde estaba la sede del Distrito Militar Nº 37 sin saber que le deparaba el destino. Era un joven de 20 años que había sido sorteado para realizar el Servicio Obligatorio. Una vez que se reunieron allí, los Jefes trataban de distribuir a los flamantes soldados en distinto puntos del país. Buenos Aires fue el destino de Aldo y por su altura tuvo el honor de integran aquel Regimiento que fundó el Padre de la Patria y que junto a él independizó a nuestra América del Sur. “La verdad estaba contento porque tenía familiares en Capital y los podía ir a visitar en caso de poder salir, a mis padres le pude avisar a los pocos días cuando tuve un tiempo para escribirle”, expresó Casenove. Y hasta allí fue, con un pequeño bolso llegaron miles desde el interior para sumarse al Regimiento que se encuentra en el barrio de Palermo.

No era fácil hacer el Servicio en esos tiempos, Casonove recuerda que “a veces apenas terminábamos de comer y nos hacían salir a correr por el patio en pleno invierno, era una locura.” Pero lo más emotivo de ese año fueron las guardias de honor que son exclusivas de los soldados sanmartinianos. “Varias veces me tocó recibir al presidente Perón, siempre llegaba a las 6,20 de la mañana. Al entrar además de hacer el saludo oficial, era un tipo que venía nos abrazaba y nos daba la mano. Era imposible no quererlo.” Con estas palabras Casenove recuerda a la figura del líder justicialista. Otro recuerdo es cuando le tocaba estar de guardia en la residencia presidencial, que por aquel entonces era el Palacio Unzué, ubicado por calle Austria y Av. Libertador. “Cuando nos tocaba ir a la residencia era un privilegio, Perón salía a caminar por el patio compartía charlas con nosotros, nos brindaba una buena alimentación… Era como estar en casa!!!”

Pero no todo fue sencillo en ese año. Ese 16 de junio de 1955 el General Perón llegó a Casa Rosada como de costumbre, apenas ingresó a su despacho el director de la SIDE, general de brigada Carlos Benito Jáuregui le anotició de las informaciones que los espías brindaban, las mismas no eran buenas. Perón trató de no desviar su jornada ya que ese día debía ir el embajador de los Estados Unidos Albert Nufer. La reunión se pudo concretar, pero a media mañana la misma se ve interrumpida por un alerta del Ministro Lucero avisando a Perón que el desfile de la Fuerza Área iba a ser utilizado para bombardear Casa de Gobierno. Lucero convence a Perón que se retire hacia el Ministerio de Guerra, por un túnel que los conectaba cruzando Paseo Colón. Esa mañana Aldo Casenove estaba ubicado en Casa Rosada, su turno finalizaba a las 12,30 del mediodía. “Nosotros en el Regimiento teníamos rumores del malestar hacia Perón, pero eran rumores”, expresa Casenove. Al llegar el cambio de guardia, Aldo y sus compañeros fueron trasladados hacia el Regimiento a unas veinte cuadras de la sede gubernamental. A los pocos minutos comenzó la masacre. Los Avro Lincoln y Catalinas de la escuadrilla de patrulleros Espora de la Aviación Naval, coordinados por el almirante Samuel Toranzo Calderón y comandados por el capitán de navío Enrique Noriega empezaron a bombardear sus objetivos. El plan era el siguiente, primero hacer volar la Casa de Gobierno, donde se presumía estaría el presidente y después continuar por los edificios públicos y emisoras radiales. Acompañados de levantamientos en Entre Ríos, Córdoba y Puerto Belgrano. Los aviones atacantes llevaban pintadas en sus colas una “V” y una cruz, que señalaban “Cristo Vence”. Las primeras bombas cayeron a metros de la Pirámide de Mayo, sobre la Casa Rosada 29 más de entre cincuenta y cien kilos cada una, la destruyeron en gran parte y otras tantas asesinaron a cientos y cientos de argentinos.

“Cuando llegamos al cuartel”, recuerdo Casenove, “veíamos como pasaban los aviones y se escuchaban los estruendos de las bombas. No sabíamos que iba a pasar con nosotros. Adelante nuestro pasaban camiones lleno de obreros que se dirigían hacia Plaza de Mayo a defender a Perón, fue una masacre, de terror, fue horrible ver como se mataban entre argentinos. Al llegar la noche se largó una fuerte lluvia, creo que fue una señal para lavar tanta sangre derramada.” Con la voz entrecortada por la emoción y los recuerdos, Aldo recuerda que una parte del Ejército desconfiaba de los Granaderos por considerarlos leales a Perón. “Nos sacaron la guardia, vinieron la Aerotransportadora de Córdoba. Fue muy duro esos días, nueve de nosotros murieron injustamente. Después del golpe de septiembre se decía que nos mandaban castigados a San Martín de los Andes. Fueron momentos difíciles, estuvimos mucho tiempo a oscuras en el cuartel, no sabíamos en que momento nos iban a atacar”, así describe Aldo los momentos posteriores a la masacre, “por el hecho de ser la guardia de honor nos tenían amenazados, esos meses hasta septiembre no dormíamos pensando que nos podía tocar a nosotros un ataque. Me acuerdo cuando destruyeron la sede de la Alianza Libertadora Nacionalista donde estaba Guillermo Patricio Kelly, se empezaron a sentir cañonazos, y a las horas cayó detenido a nuestro cuartel el mismo Kelly. Nosotros debíamos cuidarlo en su celda, otro que también estuvo detenido por ahí fue Jorge Antonio pero todo esto fue después del golpe a Perón.”

Quizás la historia más triste fue la de su familia, que a cientos de kilómetros no sabían que había pasado con el joven soldado. Su hermana viajando en tren, ve a un señor que estaba sentado al lado leyendo un diario donde decía que a raíz del bombardeo a la Casa Rosada habían muerto algunos granaderos. La desesperación hizo que le escribieran a Aldo para ver si existían noticias de él. Consiguió una autorización para estar siete días con su familia, el viaje fue interminable, no sabía porqué lo habían mandado a llamar desde su querido Sastre. Pensaba en su madre. Al llegar a Las Rosas, uno de sus hermanos que era el Jefe de la Estación lo recibe y le tranquiliza diciendo que su madre se encuentra bien, sólo que quería verlo porque no sabía nada de su hijo después de aquella tragedia. Al llegar a su pueblo, vecinos y niños lo recibieron sorprendidos. Nunca habían visto a un Granadero caminando tan cerca. Vestido con su traje de gala caminó desde la Estación hacia su casa, donde se unió a su madre en un eterno abrazo.

El 13 de febrero de 1956 fue dado de alta en el Servicio Militar Obligatorio, al poco tiempo se vino a vivir a Cañada de Gómez, ciudad que lo adoptó y formó su familia. Esta es la historia de un hombre que conoció a tres presidentes Perón, Leonardi y Aramburu. Pero además tuvo de jefe a Alejandro Agustín Lanusse, quién fuera presidente de facto entre 1971 y 1973. Por eso amigo, cuando lo vea a don Aldo, recuerde que frente a usted lo tiene al “Granadero de Perón”.

 

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En memoria de Carlos Faúl 0 1558

Por Pablo Di Tomaso

Así se tituló su última nota en Estrella de la Mañana y aunque cuesta creer que su silbido no se escuche por la ciudad, que fue muy duro comenzar el festival sin él y aún hoy, muchas veces, lo espero con el mate caliente para compartir anécdotas en el museo como solía ir, siempre y cuando no haya nadie, porque según él hablábamos el mismo idioma.
Les puedo asegurar que en una grabación de cincuenta minutos, donde volví a escuchar su voz, me pareció tenerlo cerca y quizás no nos demos cuenta ahora pero con el paso del tiempo será un acervo cultural de la ciudad muy valioso, tampoco voy a negar que un par de veces mis ojos se humedecieron al retornar a la realidad y saber que él ya no está.

Su vida no fue fácil, desde niño hasta el último de sus días fue un tipo sencillo, humilde, servicial y compañero, es que la vida lo había marcado y mucho.
Fue amado y aclamado por los músicos, que gracias a su festival tuvieron su primera oportunidad de cantar frente al público, fue querido por todos aquellos que tuvieron la oportunidad de ser homenajeados en vida cuando realizaba el programa Mi Ciudad y fue admirado por los miles de niños que conocieron la historia cañadense gracias a él, o jugaron a las bolitas o ganaron sus torneos de fútbol intercolegial.
También fue criticado por un sector que no pudo aceptar su forma de ser, que no creían en su estilo de hacer historia y ser peronista a veces le trajo dolores de cabeza, hasta le quisieron sacar Las Tres Lunas para llevarlas al Parque, o le quitaron el apoyo económico a su programa o lo exiliaron al Museo. Pero él, siempre lo arreglaba con una sonrisa… Solía decirme: Pablo, todas esas críticas me entran por un oído y salen por el otro, lo importante es trabajar y hacer feliz a la gente.

Hoy quiero compartir con ustedes, una entrevista que le realicé en febrero del 2014, y lo que será parte un libro terminado que presentaremos próximamente. Ese día Carlitos me recibió en su casa de calle Pellegrini al 900, donde en el living se lucia orgullosamente un escudo del Partido Justicialista, la compañía de su perro y Richard un amigo peruano que compartió con él sus últimos tiempos.

«Nací en El Trébol el 25 de enero de 1940, y hasta los cuatro o cinco años vivimos allí. Mi papá Leopoldo era petisero y cuidaba los caballos de polo de la familia De Lorenzi, inclusive estuvo a punto de viajar a Estados Unidos llevado por los patrones a un campeonato de la disciplina», así comenzó Carlos su relato continuando su repaso de aquella etapa inicial de su vida, «pero mi papá le tiraba más la idea de trabajar en el tambo, así fue que la convenció a mi madre Ana María para que nos traslademos hacia Tortugas, donde nos instalamos a seis leguas al sur del pueblo. La escuela primaria la hice en Campo Charo». Recordemos que además de sus padres, la familia Faúl Latmann la integraban sus tres hermanos, Leopoldo Luis, María Lisel e Isabel. En aquella chacra de Tortugas, Carlitos solía ir a cuidar a las vacas, subido a su caballo, acompañando al ganado a pastorear. De esas jornadas en solitario nace en él su pasión por silbar, es que según nos expresa no era muy ducho cantando y era una manera de acompañarse modulando las canciones de la revista El Alma o Canta Claro. Pero en esos años conoce a su primer amor, el peronismo… «Con Perón empezamos a tener derechos, yo recuerdo como ponía el lomo mi padre y muchas veces pasábamos miserias, con la llegada del General y de Evita todo fue distinto, pudimos crecer, educarnos y trabajar más dignamente.»

Cuando comenzaba la década del sesenta, los Faúl se vinieron a Cañada de Gómez y se instalaron en la quinta de los Perassi a trabajar el campo… «Lo más cerca que teníamos era el Almacén de los Governatori, no teníamos luz, estábamos muy lejos, recuerdo a mi madre decirle a la vecina más cercana avíseme cuando vaya al pueblo para ir a comprar lo necesario…» Así fue que en 1961 ingresó como obrero a La Helvética, su hermano Leopoldo se había vuelto hacia El Trébol, Isabel se la rebuscaba de peluquera y Mari trabajaba en la venta de flores de los Galizzio, de esa manera la familia decide trasladarse a la vivienda de calle Pellegrini. En La Helvética trabajó hasta 1967 para empezar a darle forma a sus primeras letras en Estrella de la Mañana como cronista deportivo, pero a su vez también ejercía tareas en la imprenta con la linotipo, donde a altas horas de la madrugada finalizaban sus tareas para posteriormente ir a desayunar al bar de los Beltramone en la esquina de Ocampo e Yrigoyen comenzando así una relación con el municipio, ya que antes de irse a su casa a descansar se daba una vuelta por la secretaria del intendente para ver si había alguna novedad para el diario. Allí entabló amistad con Juan Carlos Santana, Molina y Romagnoli y fueron quienes lo incentivaron para que intente trabajar en la municipalidad. De ese momento nace una de las anécdotas más recordadas de la ciudad, donde Carlitos recuerda que «de tanto que insistieron pedí una audiencia con el intendente Hildo Storni, y así fue que llegué a la oficina de Molina y le digo que iba a hablar con Storni, Molina que no era muy claro en su escritura, en vez de poner Faúl puso Falú, y justo en esos día andaba Eduardo Falú en la ciudad donde actuaría en el Sport Club. Don Storni al leer que Falú ingresaba a su despacho se preocupó por atenderlo de la mejor manera, compró bebidas y masas finas de Ritz, y mientras tanto protestaba ¡cómo no me dijeron antes que venía este artista a visitarme!, bueno, ni te quiero contar cuando me vio entrar, ¡quién es usted!, me dijo el intendente… Faúl le dije, con mi cara de campesino asustado, ¡pero esto es una joda! gritó Storni, mientras retaba a sus secretarios por el error… Así fue que ingresé a la muni, con masas finas y el enojo del intendente… »

Sus primeros trabajos en el municipio, a partir de noviembre del ´69 cuando ingresó, fueron vender boletos en el balneario La Florida, después trabajó con los inspectores Chirino y Vera, de allí se fue a Inspección General siendo Don Bondoni su jefe, sobre esta persona Carlos recuerda que «usaba unas galochas para cuando lloviese conservara sus zapatos y las dejaba siempre en un lugar de piso de madera, un buen día los muchachos se las clavaron, cuando se las pone se pega un golpe infernal, pobre Bondoni, eran bravos los compañeros!!», posteriormente fue inspector de Obras Privadas, donde según él expresa «no entendía nada!!!!», hasta llegar al final del mandato de Storni allá por el ´73 a colaborar en la Secretaría privada donde manejaba el mimeógrafo para transcribir las ordenanzas y decretos, aduciendo que le costaba un Perú manejar el aparato… Desde la llegada del Quique Albertengo en marzo del mismo año Carlos Faúl comenzó su tarea de prensa en el municipio, manteniéndose en las dictaduras de Cabezudo y Butassi y en el retorno definitivo de la democracia con el Quique nuevamente, Balbuena y Audano. Al llegar el Partido Demócrata Progresista, el entonces intendente Abel Romegialli decide sacarlo de la oficina donde tanto empeño puso en casi 20 años para ir a trabajar a un olvidado escritorio de Parques y Paseos, como una especie de castigo por estar identificado con el Partido Justicialista. Faúl siempre me comentaba que a él le había pasado lo mismo que al colectivo de pasajeros que tenía el municipio y que por decisión también de Abel Romegialli deciden no utilizarlo más, una buena mañana con sus vidrios llenos de tierras, se pudo leer en el parabrisas del mismo “Te pararon por peronista”.

Así fue que comienza otra etapa de la vida de Faúl, cuando el entonces director del Museo Dr. Álvarez le pide al Secretario de Gobierno Héctor Alsina tener a Carlitos como colaborador en el Museo Histórico Municipal que se encontraba en los Altos del Verdi. A pesar que llevaba unos cuántos años produciendo y conduciendo el programa Mi Ciudad, junto a Daniel Ferrero y su equipo, fue en esos años que Faúl empieza con mayor empuje a escribir la historia cañadense desde una mirada más pueblerina y popular… «No me fue fácil –manifiesta Carlos- porque no coincidíamos con Álvarez en la forma de ver la historia, discutíamos mucho, pero nos respetábamos. Muchas veces me llamó la atención mediante cartas porque filmábamos sin el permiso de él escenas en el Museo del programa, o cuando tenía que salir para hacer entrevistas. En el fondo mi trabajo, sea para Mi Ciudad o para Estrella, contribuían para la historia local y a su vez para el Museo. Pero a pesar de todo, fueron años muy hermosos, enseñarles a los chicos, acompañarlos por los lugares históricos de la ciudad, fue algo que me enriqueció notablemente.» En la gestión de Amílcar Abate deciden que Carlos Faúl vuelva al palacio municipal a colaborar con la misma, pero antes de irse filmó una recordada escena para el programa La Peste, que conducían Rubén Carrera y el recordado Luis Salomón, donde se asomó a los balcones del Verdi saludando como El General.

No debemos olvidarnos, que hace un tiempo atrás, a causa de un problema serio de salud de José Antonio Ramacciotti, director de Estrella de la Mañana, Carlos dirigió interinamente junto a Eduardo Navarro y Alberto Di Paola el citado matutino local. Pero es preciso decir, que la Columna de Faúl fue un clásico de los últimos 20 años, donde en pequeñas crónicas recordábamos a personajes, hechos y lugares de nuestro pasado.

Sin lugar a dudas los máximos logros de Carlos sean el Programa Mi Ciudad, Las Tres Lunas y las jornadas para los niños. Arranquemos por Las Tres Lunas y cómo comenzó, «Lala insistía en hacer un parque para los chicos más humildes, y no sabíamos como hacer para conseguir fondos para construirlo. Me acuerdo las peleas que tenía Lala con Albertengo y después con Balbuena, porque ella lo que se proponía lo lograba, tanto insistió que una noche, con unos muchachos sacó dos arcos de maestranza y los clavó en el campito… Nunca se animaron a sacarlo, jajaja. Fue una noche, que estaba Lala, vecinos del barrio y yo, y propusimos hacer una peña folclórica donde canten y bailen los cañadenses y algunos de la región. No sabíamos que nombre ponerle hasta que a don Melera, al ver la luna radiante, dijo ¿Y si le ponemos las Lunas de Cañada?, y como fueron tres noches así nace el nombre Las Tres Lunas… Desde sus inicios la gente nos acompañó, el primer escenario era un acoplado a espaldas de Calle Rawson con una tela de Tienda La Imperial donada por Castells de fondo y el sonido era de un chico de apellido Díaz que vivía en el barrio… Era el verano de 1988… »

Con respecto a Mi Ciudad recuerda que «aunque mi pasión por la historia se acentuó en mi paso por el Museo durante diez años… El programa Mi ciudad comenzó a gestarse en el gobierno de Enrique Balbuena, quién me apoyó incondicionalmente en mis proyectos… Empezó con un micro y después vimos que era algo que iba para más grande, hablé con Daniel Ferrero y así con el esfuerzo de muchos, como Poggiana, los hermanos Sosa, Laura Bianchi y otros hicimos más de trescientos capítulos… No fue fácil, tuve mucha contra de parte de quiénes veían la historia de una manera más clasista… Pero fue un aporte importantísimo a la historia local que ahora se valora por las vivencias allí desarrolladas. Estamos viendo con Daniel de empezar de nuevo con el proyecto… » (N. de la R.: El programa comenzó a reeditarse y sale semanalmente por Canal 2 de Cablevisión). Las jornadas para los niños nace como iniciativa propia durante la gestión de Stella Clérici, contando no sólo con la colaboración de la intendenta sino con todo su equipo donde Carlos fue parte del mismo como Colaborador Institucional.

Queda para el final de esta historia, su gran historia de amor, la que tuvo con Estefani Stankevich, la Tía Lala… Ella fue quién lo afilió al Peronismo, a ese partido que le había cambiado la existencia cuando era niño. «Fue el amor de mi vida… A Lala la conocí, cuando ella trabajaba con los chicos humildes, y en 1973 llegan los torneos Evita y participamos juntos en la campaña del Quique Albertengo… Me acuerdo que se consagró sub campeón el equipo de Lala, y la canción del equipo era Meta pico, meta pala este es el equipo de la Lala, así fue que ella consigue la Colonia de Bustinza en Carlos Paz y en aquel viaje llevando a los chicos del barrio de vacaciones iniciamos una historia de amor que duró 30 años…». A Lala también la acompañó en su carrera política cuando en 1993 fue elegida concejal de la ciudad, «la campaña fue extraordinaria, su histórico bombo, fue sorprendente esa elección», tan sorprendente como la que tuvo Carlos en 2003 cuando acompañando a Stella Clérici aportó los votos necesarios para que por primera vez una mujer fuera intendenta de la ciudad, quedando a muy pocos votos de entrar como concejal… «Stella es lo mejor que nos pudo pasar, una mina de fierro, con mucho empuje, nos queremos mucho y eso siempre me alentó a colaborar desinteresadamente con ella en lo que me necesite.»

Al poco tiempo de hacer esta entrevista Carlos comenzó con sus problemas de salud, se recluyó en su hogar, en su familia, hablaba con pocos… Con quién esto escribe habló una semana antes de partir alentándolo a seguir con el trabajo que se hacía en el nuevo Museo Histórico, con Raquel Di Paola compartieron la alegría de poder traer al Chaqueño Palavecino a sus Lunas, como él venía pidiendo… La mañana del 23 de octubre de 2014, Richard un amigo peruano que compartió con él sus últimos tiempos, lo encontró sin vida en el patio de su casa y a partir de ese momento Carlos Faúl comenzó una gira en la que algún día nos reencontraremos…

Aunque su nombre esté grabado en el escenario mayor del festival, en un pasaje del Barrio Estanislao López y la delegación sur lo recuerda en su presentación, es pequeño a comparación de su legado, él fue el autor de muchas de las cosas que sucedieron en la ciudad, Las Tres Lunas, Mi Ciudad, su tarea en el Museo, las Columna en Estrella de la Mañana, sus paseos con los alumnos por Cañada, los torneos de bolitas, de fútbol, su militancia, su personificación del General Perón, sus amigos, sus amigas, su silbido, su voz… Todo eso lleva la marca de un hombre que hizo feliz a muchas generaciones de cañadenses.

Pablo Di Tomaso

 

“A veces uno se hace la ilusión que el público que nos viene a ver es siempre el mismo” 0 0

Desde hace un tiempo se lo oye opinar públicamente sobre temas políticos, aparece como novedoso a lo largo de su trayectoria.

Es cierto. Pero no soy operador político ni periodista político, simplemente alguien que tiene opiniones, y si me las preguntan, contesto. Mi contribución al tema pasa, sin embargo, por no echar más leña al fuego. Son tiempos ásperos, la sociedad argentina está enfrentada, y no me gustaría participar en ese concurso de ver quién es más ofensivo.

 

Desde sus tiempos de Satiricón, otras revistas, mucha radio, las formas de comunicar han cambiado de tal manera pero Dolina se ha adaptado, o la gente se adaptó a Dolina 

En la ciencia, cuando se estudia la relación entre un sistema y su entorno, se dice que el sistema reacciona adaptándose, y a veces modificando al entorno. Ojalá que yo haya podido modificar en algo ese entorno, modificándome a la vez a mí mismo.
Los cambios no se producen tras una reunión de producción: “Hoy le vamos a poner a este día… ¡miércoles de ceniza!….” Estos cambios, así, casi nunca salen bien. Lo usual es que parezcan casi imperceptibles, pero con el paso de los años, se advierte que fueron drásticos, no en el tiempo, sí en la intensidad.
A veces escucho un programa hecho hace veinte años. Casi no cambió nada, pero sí. Yo no tengo la misma voz, ni la misma gracia, ni los mismos gustos, pero veinte años de radio me han hecho aprender algunas destrezas. Si uno no tiene suerte, todo lo que hará es tratar de acomodarse a las nuevas realidades, pero si tiene fuerza, tal vez las modifique en alguna medida.

 

¿Se puso a pensar, en todos estos años, cuántas generaciones han pasado por el programa?

Muchas, demasiadas, a veces uno se hace la ilusión que el público que nos viene a ver es siempre el mismo, pero no, por ahí son los hijos de los que nos escuchaban entonces. Si hasta mis hijos están en el programa, quienes eran chicos en esa época. Pero a mí me gusta fluir, ver el cambio, mis compañeros cambian, a veces son otros, a veces los mismos pero que se han modificado.

 

 

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