Con Amorino Cingolani se fue un incansable buceador en la música 0 465

Desde sus comienzos en conjuntos folklóricos del Nacio o cantando en las Jazz que actuaban en los bailes de la zona, pasando a su etapa clásica, como solista en conciertos y docente de guitarra, hasta el tiempo del compositor del que felizmente quedó material grabado, la música y el artista desaparecido son indivisibles.

De pibe estudió guitarra, y desde entonces no paró más. En el Colegio Nacional Amorino integró –entre otros- un cuarteto folklórico, Los Pitanguá, con Alberto Andrada, Alfredo Martini y Roberto Pasquali, y a posteriori cantó en las bandas que eran número obligado en los bailes, junto a las orquestas típicas que aportaban la cuota tanguera. 

Ya en una etapa de perfeccionamiento en el que luego fuera su herramienta, la guitarra, comenzó un período en el que alternó la enseñanza de la música con actuaciones en vivo. A ello se agregó la reparación del instrumento, a la que Cingolani solía agregar una verdadera clase que con su pasión ilustraba a su ocasional cliente en el universo del luthier. 

En las últimas dos décadas, y con la posibilidad de acceder a grabaciones de buena calidad, Amorino dejó plasmados varios trabajos, algunos en casette, a dúo con Luis Urquiza, y los últimos en CD, Tangos en Guitarra y Entre las Cuerdas. Al mismo tiempo, en 2013, su obra fue declarada de interés cultural por el municipio de Cañada de Gómez. 

La vida de Amorino fue mucho más que eso, pero aquí se rescata esa faceta, la del músico y docente, por la que transitó durante buena parte de su paso por esta tierra. 

Mis viejos me habían llevado a un baile a Olimpia. En esa época, comienzos de los ’60, las familias iban a los clubes a bailar, llevaban a sus hijos, y las pibas y los pibes nos comíamos un choripán, corríamos por todos lados, y pateábamos las tapitas de cerveza y gaseosa que poblaban la pista.
Esa vez no fue la excepción, y mientras desarrollábamos la rutina, salió la Jazz al escenario, creo era la Saint Louis. Para nosotros eran todos señores mayores que vestían pantalón clarito, zapatos blancos y sacos brillosos. Muy brillosos. Entre ellos había uno bastante jovencito, a quien el locutor presentó como Ray Cingol. 

El tipo agarró uno de esos micrófonos cuadrados de la época, y cantó una ristra de canciones de moda en esa época, con impresionante voz de bajo sorprendente por la edad, y nosotros paramos un poco de correr y nos fuimos a escuchar bien adelante del escenario. Nos llamó la atención, aparte de la pilcha, el nombre: Ray Cingol, que sonaba a yanky y parecía más bien el nombre de un héroe de las historietas que leíamos en El Tony.

Personalmente, ésa fue la primera vez que vi a Amorino Cingolani, una noche en el Club Deportivo Olimpia en la que integró una orquesta de jazz con el nombre artístico de Ray Cingol. Después lo conocí como el gran tipo y músico con el que charlé muchas veces. Pero aquella noche de verano en la pista descubierta, entre humo de choripán y tapitas de cerveza, descubrí a alguien que, como tantos otros cañadenses a lo largo de los años, pusieron a la música en el altar de la pasión.

Roberto Larocca

Noticia AnteriorNoticia Siguiente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rasca donde no pica 0 692

Por Rubén Moreno

Cambiemos fue el peor equipo de los últimos 50 años. No colaboró en políticas públicas sino que atrasó en dicho tema. Todo lo que sacó con excusas sin sentido se fue diluyendo, dejando lo logrado en la nada ni entendiendo la continuidad jurídica. Sólo le dio fuerzas al anterior gobierno sumándole sectores que tienen miradas parciales sobre política, entrando en una división marcada sobre una estrategia gubernamental con total desprecio por el otro (como excusa para llenar sus vacíos contradictorios en el decir y el hacer).

Su incapacidad llevó a la quiebra económica cruzando a todos los sectores con marcados caminos sin salida. Transformaron todo en una timba, desmontaron lo colectivo, lo que no sólo se construía en lo económico sino en los lazos humanos y se llevaron todo. La peor corrupción que llevaron adelante fue robarles hasta las necesidades a los jubilados, el empleo de miles de trabajadores, los pequeños empresarios, la educación, la salud, los pobres que siguieron cayendo sin piso a un vacío sin mañana.

Dieron pánico con su manipulación a las garantías constitucionales, hablaban proyectando desde la ignorancia como si fuera una charla de asado en alguna estancia con sus amigos. Todo se fue quebrando tanto que hasta hoy siguen hablando desde la nada cosas que ni ellos se creen, entrando en un fanatismo que sigue construyendo la cultura del odio que va ser difícil erradicar desde lo colectivo.

A un año del nuevo gobierno sabemos los problemas que dejó el gobierno anterior son complejos y graves pero no se solucionan con crónicas (es lo único que se escucha). Todo esto no hace bueno al peor gobierno de la historia pero tampoco debe garantizar como excusa para llevar adelante las mismas prácticas que vemos como terminó.

“Vemos llorar la biblia junto al calefón” pero las políticas neoliberales siguen, lo privado se antepone ante los intereses públicos, las limosnas como solución a la desigualdad social y lo triste que se siente culpa de estas malas prácticas.

Que no fanatice el solo mirar y no ver. La palabra cuando no se acompaña con la realidad no es creíble y a un año de un Gobierno duele mucho. La pandemia termina siendo una excusa para la violencia institucional, desalojos, represión, acuerdos impunes con mineras, inflación como impuesto y ajuste directo sobre los necesitados, recortes para débiles, beneficios para los sectores que más se enriquecieron, etcétera. Se escucha mucho decir esto es para beneficios del pueblo y nada de eso llega, pero cuando anuncias aumentos impuestos directos al día siguiente logran trastornar nuestra economía.

Lamentablemente el aislamiento de la política está marcando líneas paralelas: por un lado el gobierno y por otra los vulnerables. Siempre se está a tiempo para cambiar de rumbo y ojalá se reflexione y se gobierne para las mayorías.

Me ha contado el Pastor Miguel Brun que hace algunos años estuvo con los pobladores originarios del Chaco paraguayo y que formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio.
Éste, quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua nativa. Cuando terminó, los misioneros se quedaron esperando su respuesta.
El cacique se tomó su tiempo. Opinó:
– Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.
Y sentenció:
– Pero rasca… donde no pica.

De “El libro de los abrazos”, de Eduardo Galeano.

Derecho a disfrutar el verano 0 634

La autora de la nota, Andrea Cabrera, padece esclerosis múltiple e integra RBC Freyre (Rehabilitación basada en la comunidad) desde donde gestionan para conseguir mayor accesibilidad entre otras acciones.
El caso de Andrea es el de miles de personas con alguna discapacidad física, que padecen las condiciones que la sociedad ofrece para la vida diaria.

Soy Andrea Cabrera, tengo 45 años, a los 20 me diagnosticaron con esclerosis múltiple; hice muchos tratamientos para que esta enfermedad no avance y mejorar mi calidad de vida, Sin embargo, después de 25 años de ese diagnóstico, hace un tiempo que utilizo para movilizarme silla de ruedas y/o andador.

Tras un año 2020 muy difícil para todos, la semana pasada fui a Potrero de Garay para descansar y lo que pretendía ser un momento de tranquilidad y disfrute, terminó siendo un suplicio para mí y mi familia.

El viaje para llegar a destino ya fue muy complicado: encontrar una estación de servicio con baños para discapacitados adecuados y limpios fue una tarea casi imposible. Casi tanto como encontrar restaurantes con sanitarios en condiciones para alguien como yo, con una discapacidad física. Fuimos a varios lugares de conocida “fama” en San Clemente, Potrero de Garay, Villa Ciudad de América y Los Reartes; en ninguno de ellos había baño para discapacitados, ni siquiera puertas anchas para que pase con el andador. Ni hablar de la existencia de una rampa. Y si hablamos de mojar los pies en algún río serrano, misión imposible, ni una “bajada accesible”, por lo que volví a Freyre sin tocar el agua, con la frustración de no poder disfrutar con mi familia esos momentos, solo me quedó la opción de mirar de lejos.

Y me pregunto, con mucho dolor, en esta Argentina donde todos reclaman por sus derechos (a abortar, a la igualdad de género, a la asignación universal por hijos, entre tantos otros), nosotros, los que no podemos caminar, ¿no tenemos derecho a disfrutar de unas vacaciones?

Esto es solo una muestra de todo lo que nos falta como sociedad para trabajar seriamente por la INCLUSIÓN. En la mayoría de los casos, las personas con cualquier tipo de discapacidad sufrimos a diario la vulneración de nuestros derechos.

Andrea Cabrera – Integrante RBC – Freyre

Most Popular Topics

Editor Picks