Mundiales los de antes (IV) 0 391

En 1986 Argentina festejó el segundo campeonato, esta vez en democracia. En el 90 y con un equipo emparchado, llegó a la final eliminando al propio anfitrión italiano.

El ´86 es el torneo que todos recuerdan. Y los que no, son bombardeados periódicamente con imágenes del “gol a Diego a los ingleses”. Así se nombra al segundo del partido, ése que armó el gran diez gambeteando a medio equipo rival, y que finalmente pateó a la red cayéndose. El o el zaguero que trataba de impedir el tiro, es lo mismo: la obra de arte estaba consumada unos segundos antes y el remate fue un detalle, y viene, en los programas de recuerdos o a veces en las publicidades de los canales deportivos, acompañado por el relato de Víctor Hugo, el del barrilete cósmico.

El otro gol maradoniano a los británicos es oficialmente denominado “la mano de dios”, saludado por haber sido gol nuestro, pero mucho más por constituir, a la vista del argentino medio tramposo, una muestra máxima de viveza criolla.

El fútbol argentino tocaba la gloria en esos días, sin saber que la sombra de la decadencia se cernía sobre su futuro. Pero entonces era campeón mundial, otra vez se festejó en las calles, Alfonsín recibió a los jugadores, en fin, una liturgia que parecía no iba a acabar nunca, aunque poco más adelante llegarían las Felices Pascuas, la caída del austral, hiperinflación, y otros males cíclicos que el ser nacional medio ya acepta con pasmosa resignación.

Menos mal que llegamos a 1990, y el seleccionado argentino fue a Italia con el mismo entrenador, el doctor Calos Bilardo, el mejor jugador del mundo, Diego Maradona, y un tremendo escudero, como lo fue el Pájaro Caniggia.
Aunque Diego andaba en una gamba y el resto del equipo que no estaba lesionado parecía de otro nivel, de a poco, casi sin pretenderlo, Argentina se fue afirmando, y el que lo hizo sobremanera fue Goicochea, el arquero suplente a quien le tocó reemplazar al titular y al que se le ocurrió empezar a atajar penales para que el equipo pasara de ronda con lo justo.

En el medio los nuestros se comieron ante Brasil uno de los bailes más grandes de la historia moderna, hasta que entre Maradona y Claudio Paul les arruinaron la feijoada y entonces se vio que ese equipo tenía algo indescriptible. Llegó a la final con Alemania otra vez. Los tipos habían sido los mejores hasta ahí, pero en esa final se les aflojaron las patas, y ganaron por un penal dudoso que cobró un mexicano, y el único que Goico vio pasar a la red.

Y créase o no, así casi sin darnos cuenta, se terminó por mucho tiempo el protagonismo argento en los mundiales, al menos en el aspecto futbolístico.

(Continuará)

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Agustin Opezzo, prensa Sportivo AC

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Agustin Opezzo, prenda Sportivo AC.

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