Historias debidas 0 1534

Cañada tiene historias que por no conocerlas, o quizás porque no nos contaron todo, nos hacen perder verdaderas leyendas vivientes. Hoy les cuento parte de la vida de Esmir Garro, una mujer que con sus casi 90 primaveras le dice “Gracias” a la vida…

Por Pablo Di Tomaso

 

Corría 1926… La Argentina era gobernada por Marcelo Torcuato de Alvear, un radical descendiente de familias patricias y se realiza las elecciones parlamentarias de ese año donde el oficialismo triunfa con el 38% de los votos. Conducido por el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada, todos ellos españoles, despega desde Palos de la Frontera (Huelva) el Plus Ultra, un hidroavión que uniría España con Argentina. Con una estupenda temporada de Roberto Cherro, Boca Jrs. gana su quinto campeonato en el Fútbol Amateur de Argentina y finalmente en ese año fue publicada Don Segundo Sombra, una novela rural argentina de Ricardo Güiraldes, que a diferencia del poema Martín Fierro de José Hernández no reivindica socialmente al gaucho, sino que lo evoca como personaje legendario en un tono elegíaco.

Cuando todo eso ocurría en el país, en nuestra ciudad se producía la primera transición entre dos intendentes municipales, es decir Ricardo Andino era reemplazado por Rosendo Casañas en el palacio municipal. Pero en la zona este cañadense, allá por Colón al 200 nacía un 27 de mayo de 1926 Esmir Obdelia Garro, hija de Amadeo y de Delimene Romero. Era la sexta integrante de siete hijos, ya habían nacido Cipriano, Tita, Aidé, Atenaida y Ladys; después se sumaría a la familia Luis, el menor de todos.

Esmir recuerda que sus padres vivían muy cerca cuando eran jóvenes, en esa zona de la ciudad eran muy pocas las viviendas instaladas, predominaban las quintas entre ellas la perteneciente a los Tommasi. Su padre supo trabajar en la carnicería de su abuelo José Garro, posteriormente fue empleado en la policía gracias a la ayuda de su amigo y correligionario Luis Bianchi. Trabajo que perdiera al entrar los demócratas progresistas al gobierno, al no aceptar afiliarse al PDP por su lealtad a Bianchi. Al poco tiempo ingresó como empleado municipal donde finalmente se jubiló. Su madre siempre se dedicó a sus hijos, cuidándolos y criándolos en el calor hogareño de esas casas de alto en los tiempos en que los inviernos eran mucho más crudos y los veranos un poco más secos. Otro de los recuerdos que tiene Esmir, es escuchar a su madre las historias de su abuela, una mujer que todas las mañana salía a caminar hasta las zonas más humildes de la ciudad a colaborar con los cañadenses que sufrían el hambre y los problemas de tiempos en que la justicia social estaba lejos de llevarse a cabo. Quizás ese espíritu solidario haya sido heredado por Esmir que hasta el día de hoy, con sus casi 90 años, uno la ve caminar por la ciudad participando en todas las actividades sociales.

Su niñez estuvo marcada por los tradicionales juegos, corridas por las solitarias calles de tierras y compartir largos momentos con sus hermanos en las quintas vecinas. Entre las familias que habitaban las zonas recuerda a los Abregú, pero nunca se olvida de los Nueve Cuartos, que eran nueves familias integrada por trabajadores que estaban asentadas por calle Rivadavia entre Colón y Rivadavia, enfrente de donde hoy se encuentra la Plaza Beresiartu. “La Negrita”, como le decían, solía presenciar y hasta a veces separar algunas que otras peleas en los boliches cercanos a su casa. Pero también era la encargada de recitar los versitos en la Escuela Alberdi, ubicada entonces en Mitre y Rivadavia, cuando la dirigía Clara Martínez Pombo y entre sus docentes conmemora a las señoritas Munárriz, Tancredi, y al maestro Eliseo Giordano.

Cuando Esmir tenía tan sólo 7 años, en nuestra ciudad se produce la Revolución Radical, en ese 1933 como en varios lados del país, los radicales que resistían a la Década Infame de los conservadores tomaron lugares estratégicos para recuperar el poder. En ese diciembre Esmir veía como militantes se escondían en las quintas linderas a su casa de las garras policiales. Su madre les ordenó a los niños quedarse en resguardo en su hogar. La familia ya sabía en carne propia lo que significaba las crisis políticas, donde don Amadeo, por no querer afiliarse y unirse con los demócratas se quedó sin trabajo… Después vienen otros tiempos, la Normal, la Almafuerte, el teatro, el coro y el Peronismo…

Esmir tuvo una destacada actuación en numerosas actividades sociales, culturales y políticas. Una vez recibida en la Escuela Normal, la “Negrita” comenzó su tarea de docente primero en la Escuela Técnica de Mujeres y finalmente en la Escuela Almafuerte donde se jubiló. Ella siempre agradece a Ángel Federico Robledo, la posibilidad de poder llegar a trabajar en esos lugares, ya que su hermano Luis era muy amigo del destacado dirigente político. Sobre Robledo manifiesta “lo conocí cuando iba a comprar a la panadería de Brown y Belgrano, y recuerdo verlo a Robledo estudiando en pijamas mientras atendía, fue muy amigo de mi hermano y se veían seguido en Buenos Aires…”

El amor no estuvo ajeno a su vida, y durante muchísimos años formaron una pareja que compartieron momentos dulces y amargos de la vida. Pero también con él conllevaban la pasión por el teatro, la música y el arte. Estamos hablando de “Pilo” Politi, que a pesar que vivían en el mismo barrio, lo conoció mejor en la Peña El Lazo. Recordemos que la Peña El Lazo era una agrupación folclórica surgida en el Sport Club Cañadense en 1953 y tenía su centro en los altos del chalet de la institución. De ese encuentro con Pilo, Esmir nos cuenta que “vivíamos cerca, desde nuestros patios se veían nuestras casas… Era muy tímido en la intimidad… Recuerdo que llegó a la Peña y de a poco nos fuimos acercando… Íbamos de gira a muchas partes, cuando no trabajaba él venía… Siempre me acompañaba hasta mi casa, hasta que un buen día me preguntó si quería que fuésemos novios!!!” De esa historia de amor nació su única hija Silvia.

Otra de las pasiones fue el teatro, y allí fue convocada por Don Mansueto Viti, que vivía cerca de su casa, y junto a él estaba Salomón Spit. Esmir tuvo destacadas actuaciones en “El Conventillo de La Paloma”, “Retazo” y “Llegó don Pedro…” entre muchas obras. Entre los nombres que la acompañaron podemos citar además de Pilo, su compañero de la vida, a Tato, Osiris y Leónidas Politi, Aníbal Mattias, las hermanas Margarita y Felisa Vila, Nélida Cremona, Luis Pisarone, José Marcolini, Antonio Disanto, Salvador Bondi, Haydeé y Norma Bautista, Romualdo Fabro, Armando Ambrosio, Onildo Beltrán, Enzo García, Eduardo Pérez Vásquez, Enriqueta Solari, Raúl Caminos, Humberto Bonadies, Pilar Martínez, Evita Román, Jorge Rearte, Fulvia Calderón, Ricardo Delgado, Néstor Fernández, Oddone Forte, Luis Césiro Piccinini, Elsa Tavacchi, Hilda Blasco, Francisco Cuccinatto, Leonilda Lamagna e Italia Bonisoli. Esmir recuerda que su madre la acompañaba siempre, “yo era muy joven, tenía 20 años, y ella al lado mío, hasta en los bailes…” Unas de las lindas historias que rememora Esmir, es cuando el colectivo con el que iban de gira se les rompió en un camino de tierras y ella junto a Tato Politi salieron en busca del arreglo, al regresar lo hicieron junto a un policía que encontraron en el trayecto, al llegar Tato hizo una de sus tantas picardías, al hacerse pasar por preso, esto hizo que la madre de Esmir, doña Delimene se asustada tanto que enseguida tuvieron que decirle que todo era una broma. También en el marco de la actuación, pero esta vez en el canto, Esmir integró el Coro de la Asociación Cultural, que tuvo como primer director a Cristian Hernández Larguía para luego continuar con esa tarea la recordada Hilda Cibaldi de Giordano.

Por último podemos recordar su tarea política en el Partido Justicialista, a él llegó de la mano de sus amigas Angelita y Polola Cremona y juntas apoyaban a la primer senadora mujer de Santa Fe, la cañadense Romilda Montoya de Disanzo, quién fuera la autora de la ley que denominó a Cañada de Gómez como Ciudad Evita entre los años 1953 y 1955. Esmir tuvo el privilegio de conocer tanto a Evita como a Perón. A Eva la conoció en la Estación Cañada de Gómez cuando el tren en que viajaba paró las dos veces que pasó por la misma. “Era hermosa, tenía un cutis bellísimo, estaba vestida sencilla con una mañanita y un tapado negro, a su lado su hermano Juancito”. Posteriormente, en el Luna Park, vio a Juan Domingo Perón y la Primera Dama en una actividad que asistieron maestros del país. Ella pudo lograr sentarse muy cerca de ellos y aún recuerda la estampa del General, todo un estadista y Evita junto a él dando el apoyo y el empuje que se necesitaba para hacer lo que se hizo en esos maravillosos años.

Esta es parte de la vida de una mujer, de una madre, de una artista, de un ser humano con un corazón inmensamente solidario que le aportó todo lo que pudo a esta ciudad. Cuando cerrábamos la entrevista le dije a Esmir si quería agregar algo, ella con lágrimas en sus ojos me dijo… “nada Pablo, simplemente gracias a la vida…”

 

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Y la banda sigue tocando 0 15147

La charla con Carlos Verdicchio y Rubén Carrera discurre por los comienzos del camino de los G. “Una historia de derrotas y fracasos”, bromea Rubén, refiriendo a esos tiempos en los que apenas pasaban los 20 años de edad.
-No teníamos dimensión de lo que hacíamos –cuenta Carlitos- entre charlas delirantes, sin conciencia de hacer una carrera mediana en la música, nada de eso.

“Delirábamos y salía todo lo contrario” se ríe y apunta Carrera.

En el ’88 aparece la posibilidad de intervenir en el Pre Chateau de Rosario, un festival eliminatorio cuyo ganador tocaría en la entonces meca festivalera del rock argentino, el Chateau Rock que se realizaba en el estadio mundialista cordobés.

Y a Rosario fueron los G.

Carlos Verdicchio: -Aunque ya habíamos tocado algunas veces en Rosario, fueron en lugares pequeños, nada a la escala del anfiteatro, con diez mil personas, producción.
Rubén Carreras –Era casi una excusa para tocar en Rosario, pocas bandas de Cañada lo hacían, ¡y en dos días habíamos ganado! Con eso lográbamos actuar en vivo en el Chateau, y además el premio incluía grabar un disco.
CV :- El triunfo nos permitió lograr conexiones, amigos que eran músicos o periodistas, y difundían lo nuestro, y de esa manera alguno le acercó a Fito Páez algo de lo que teníamos grabado, y le gustó. Sonábamos distinto a los que se escuchaba entonces, también las letras, incluso nuestra actitud. Así que nos acercó la propuesta de participar en la producción del disco.
RC: -Otra de las características de entonces era la cantidad de horas que ensayábamos. Era tocar y tocar, viajar a Rosario todos los días, a veces a dedo.

Llegó la propuesta de Fito, y sin pensarlo dos veces la banda partió rauda en el Urquiza, a Buenos aires y el estudio que el músico tenía en Caballito. Allí no sólo alternaban con Páez, o Fabiana Cantilo, sino que una cantidad de músicos pasaban a diario por allí.

CV: -Era un sueño estar en ese lugar, en contacto con una personalidad como ésa, Tweety González era el operador.
RC: – Fue como una bomba atómica sobre nuestras cabezas, rodeados de músicos conocidos, qué se yo, Guillermo Vadalá estaba allí, mirando, y tantos otros. Además, dormíamos en el mismo estudio, era el ’88, una época tremenda de crisis, en ese entonces se cortaba la luz cada tres horas y volvía a funcionar otras tres, así continuamente. Entonces debíamos aprovecharlas, pr ejemplo grabábamos un domingo a las 8, le pegábamos hasta las 11 y entonces… corte de luz. Tres horas charlando solamente, sin hacer otra cosa porque no teníamos un mango.
CV: -Un calor infernal, el aire era irrespirable.
RC: Teníamos el modo “morfargo”, porque con el Tato comíamos ese pan y ninguna otra cosa
“La inflación fue el ángel de la guarda en toda nuestra carrera” agrega Carlitos.

En el 91 salió el segundo disco, de producción propia. En ese momento arrancó con fuerza el formato CD, y en poco tiempo todo se grababa en esa condición. “Y nosotros salimos contentos con nuestro vinilo debajo del brazo” se lamenta Carlitos. “Lo vendían con los del Trío Los Panchos y Música en Libertad” bromea el bajista.
“Hoy hubiésemos vendido cualquier cantidad en vinilo” agrega Carrera “pero entonces…”

CV: En el 93 salió el tercero de los álbumes, ése lo grabamos en Alfa Centauro, pero con una discográfica detrás. Incluía nuevas versiones de algún tema del primero, como Cae lenta.
Un año después dejamos de tocar

 

Cada uno siguió distintos derroteros, tanto en lo personal como en lo musical. ¿Cómo comenzó la nueva parte de la historia que desemboca en este aniversario?

RC: -Con mayor o menor presencia, como Coky que tenía su grupo, todos seguimos tocando. A veces nos invitaban como grupo, Coky lo hacía, en el 2000 tocamos en La Rockería, hasta que hace dos años, cuando se festejaron los 50 años del rock de Rosario ahí también nos invitaron, ¡y a cerrar las jornadas!.
CV: -Fue entonces cuando caímos en la cuenta que eso no era joda, teníamos que ensayar en serio. Además teníamos dudas, sobre cómo nos iban a recibir, qué onda había ahora.
RC: -En el primer ensayo ninguno hablaba una palabra, pero fue mágico, como si nunca hubiésemos dejado de tocar, estuvo bueno la pasamos bien.
CV: es que desde el punto de vista musical, humano también, la cosa se complica, somos grandes, con nuestras mañas…

No todos evolucionan de la misma manera…

CV: Esa es la conclusión: que ninguno de nosotros maduró!… (risas).
RC: En fin, el recital estuvo bueno, la gente respondió, y entonces comenzaron a llamarnos para tocar, cada vez más seguido. Fue entonces que un día Coky dijo: Viejo, esto es trabajo!.. entonces vamos a trabajar!…
CV: Ahora ensayamos, tenemos la ventaja que Juan (Albertengo, el batero de la banda. N de la R.) y el Vila regentean un estudio de ensayo, que es el viejo Alfa Centauro, un lugar hermoso, con todas las comodidades para la tarea, buenos equipos, con cabinas, todo suena perfecto, muy bueno para ensayar.

RC: Para lo de este viernes, tenemos que agradecer un montón a mucha gente. A la Muni, a quien acudimos como punto de partida, pero también a los que se van a ocupar de la parte técnica de los distintos aspectos que se englobarán esa noche. Van a estar Walter Crola, Daniel Ferrero, Carlitos Herrera, entre muchos otros. Y la gente que nos siguió y se acuerda.

Este viernes, Punto G va a tocar el primero de sus álbumes completo, del que se cumplen 30 años de su grabación, en el orden en el que aparecen los temas. Habrá un breve intervalo, y continuarán con una selección de temas de los otros dos discos, un total de algo más de dos horas de actuación.
Resumidos, más de treinta años de una feliz historia de derrotas y fracasos, los que hoy despiertan sonrisas en algunos de sus protagonistas.

 

PUNTO G – VIERNES 5 DE OCTUBRE – 21.30 – TEATRO VERDI CAÑADA DE GÓMEZ

ENTRADAS ADELANTADAS EN ESTACIÓN ESSO DEL CENTRO – PLATEAS $ 250 – PAALCO BAJO $ 200

Bertoglio y Salvetti, marca registrada en la tele de la ciudad 0 2110

Atardecía y el frío dejaba sus huellas en la ciudad. Faltaban cuarenta y ocho horas para el día del periodista. Todas las tardecitas en el local de fotografía que actualmente pertenece a Ariel Salvetti, dos hombres se sientan y ven pasar sus recuerdos como en el visor de una cámara filmadora. A veces en blanco y negro y otras veces a color, pero muy lentamente, recorren esa larga película que fue, y es, la de ambos.

Rubén Bertoglio nació en Carcarañá el 27 de noviembre de 1931, con sus ochenta y seis años, también se lo ve sentado en alguna mesa de café merendando en su soledad. Carlos Salvetti nació en Cañada de Gómez el 28 de noviembre de 1942, con sus setenta y cinco años todavía mata el vicio de las fotos colaborando con su hijo Ariel en su histórico local de calle Lavalle.

Bertoglio, apenas terminada la ‘colimba’ en el 11 de infantería en Rosario, comenzó sus estudios terciarios en el Instituto de Profesiones Técnicas, donde cursó durante tres años y serecibió de Técnico Fotográfico. Según nos relata Rubén, él tenía un laboratorio donde revelaba sus fotos particulares contando con mucho material bibliográfico sobre el tema y quizás por eso realizar esa carrera no le costó mucho.
A nuestra ciudad llegó finalizando 1957, y su entonces novia Maria Delia Masa, le avisó que la propiedad donde vivía y atendía el Dr. Sanz se estaba por desocupar, y allí podría poner su local comercial de fotografías. Recordemos que Sanz fue uno de los primeros médicos que trajo el equipamiento de Rayos X a Cañada de Gómez, siendo muy repentina su muerte quedando su viuda a cargo de la casona ubicada en Lavalle 907. Y hacia allí fue Rubén, que al consultarle si le alquilaba el local, la señora le respondió, “mire yo quiero cobrar de alquiler lo que se cobra de jubilación o pensión porque no tengo ninguna ayuda social.” Por aquel entonces existía una ley creada en el Justicialismo donde los alquileres tenían un tope que no superaban los cuatrocientos pesos, pero la jubilaciones era de dos mil doscientos pesos, o sea, cinco veces más de lo que valía en realidad.

La casa estaba bastante deteriorada, recordemos que era una propiedad construida hacia finales del Siglo XIX. Sobre esta situación Bertoglio recuerda, “cuando escuché esa cifra casi me muero, te imaginás que cuando se le conté a mi viejo, que me bancaba un poco en ese momento, él me dijo: loco, ¿tenés idea de cuánta guita es eso?”.
Pero no todo se complicaba, también aparecieron dos comerciantes, Moretti y Medina, para alquilar la casa ya que comenzaban a emprender un nuevo rubro. Ellos también se asustaron por el importe que la viuda pretendía, fue así que ella misma les tiró una idea, «hagan una cosa, la alquilan a medias y de esa manera es más accesible».
Fue así que Bertoglio y Moretti se sentaron a negociar qué parte quería ocupar cada uno, “y ahí el rengo Moretti se puso firme”, expresó Rubén, “él pretendía las dos habitaciones que daban a la calle para hacer la vidriera, y yo me tuve que quedar con la entrada del zaguán y las habitaciones traseras. Pero bueno, yo también quería tener una vidriera, así que tiré abajo el zaguán y armé una de cincuenta centímetros aproximadamente, y un metro más para pasar hacia el negocio.»

Sobre sus comienzos en la fotografía tuvo un encuentro con el párroco Padre Guillermo Martín, quién lo conocía de Carcarañá, en el que el sacerdote le expresó que no sacara tantas fotos, por el humo que dejaba el magnesio. Recordemos que en esos tiempos, unos ocho casamientos por fin de semana desfilaban en el pasillo central de la parroquia San Pedro. Entonces Bertoglio le manifiestó al cura que su cámara era eléctrica y que no iba a haber humo en la sala. Apareció entonces la astucia de Martín, quien al ver que el trabajo de este joven fotógrafo era diferente al resto, fue hasta su local y le dijo, “mire hijo, veo que usted está sacando muchas fotos en los casamientos sería bueno que pudiera colaborar con la parroquia, no se olvide de este curita…” Desde el 25 de mayo de 1958 cuando inauguró su local, Bertoglio fue uno de los tantos aportantes a las finanzas parroquiales.

Por su parte, la pasión de Carlos Salvetti por la fotografía nació en el viaje de estudios de quinto año, al conocer al fotógrafo carcarañense Selvaggio, posteriormente comenzó a estudiar Ciencias Económicas, pero también se hacía un tiempo para estudiar fotografía en Rosario. Antes del servicio militar, en el mismo lugar donde lo hiciera Bertoglio, decidió dejar sus estudios de contabilidad para inclinarse por la profesión en la que todos lo hemos conocido. Finalizando 1960 se propuso hacer click por primera vez en forma comercial.
Cuando estuvo bajo las órdenes del Ejército, aprovechó sus conocimientos técnicos para tomarse unos días cada tanto para sacar fotos y revelarlas. Las mismas incluían tanto las de carnet de sus compañeros como de las actividades que desarrollaban. “Desde adolescente practicaba en el Tiro Federal”, expresa Carlos, “y con dieciocho años me nombraron secretario del mismo, lo que me daba la posibilidad de hacer la colimba acá, pero laburé como loco, limpiaba los Mauser, pero eran súper exigentes y siempre el Viejo Carmacci encontraba algún defecto.”
“En un Chevrolet 36, que era de mi papá, íbamos a buscar las balas a Fray Luis Beltrán, veníamos al palo y si alguna chispa saltaba volábamos todos. Hasta que un día, al Tiro llegó una supuesta renuncia mía como armero, cosa que nunca existió y sí fue un acomodo de un carnicero de acá para poner a su hijo. Me querían llevar a Curuzú Cuatiá. Pero gracias a un pariente mío militar y Juvenal Funes, me alojaron en Rosario, pero me mandaron a la región V, nos tenían volando, se llamaba la Voladora donde iban los castigados» Cuando terminó el servicio, Carlos alquiló en calle Brown 977 donde estaba don Caligari y abrió su primer local de fotografías.

La primera experiencia de ambos fue cuando Bertoglio junto con Elmo Fernández, filmaban publicidades y eventos. Así que lo llamaron a Carlitos para que los ayude en una noche de trabajo bastante complicada, y fueron a una confitería a Las Parejas, donde Salvetti recuerda que «le pido la filmadora a Elmo, creo que era el año sesenta y cinco más o menos, y eran muy pocas las mujeres que usaban minifalda, entonces yo la veo y la filmo, la verdad es que era una bomba, como bailaba y seducía, y cuando se la muestran al dueño de la confitería éste dice: ésta es la que quiero para la promoción, entonces éstos dos dijeron ‘¡pero cómo hizo, nosotros filmamos dos o tres horas y éste en un minuto le acertó a la publicidad!… y ahí empecé a trabajar con ambos…» Y acá llegamos a un momento histórico en la ciudad, el día que Elmo Fernández y Rubén Bertoglio se animaron a hacer televisión en la Cañada del blanco y negro.

Fernández era corresponsal de los canales rosarinos, el encargado de filmar los acontecimientos más importantes que sucedían en la región, pero ese trabajo se revelaba en México, España o Panamá. La tarea completa llevaba aproximadamente un mes, o sea, cuando la noticia llegaba a Rosario ya estaba pasada en tiempo. Fue así que Fernández se enteró que Bertoglio hacía ese trabajo, y ahí nace el primer vínculo laboral de los dos. Cabe agregar que se conocieron a través de Maria Delia, novia de Rubén, que le enseñaba piano a Elmo y fue ella quién los acercó. El 9 de julio de 1969, se animaron y transmitieron en directo los desfiles patrios de ese día, naciendo así la televisión en Cañada de Gómez. Durante cuatro años, instalaron televisores en locales y bares de la ciudad donde en directo pasaron los eventos más destacados de esos tiempos. En los salones de exposiciones del Centro Económico las ferias y desfiles se podían disfrutar en directo a través de pequeñas pantallas. “Un día cayó a la estación de servicios del Elmo un viajante”, expresó Rubén, “y le dijo si no le interesaba comprar una filmadora marca Phillips que era igual a las que usaron los yanquis cuando llegaron a la Luna, y ahí se enganchó Elmo con el circuito cerrado. Entonces compramos varios televisores Phillips que venían desarmados y le encargamos a Hermes Navarro que los armara. La verdad la sensibilidad que tenían esas cámaras era similar a las digitales de ahora. Y así nació Telecanal 3 Telecañada.”

En 1974 Telecañada llega a su fin, las reglamentaciones vigentes, las exigencias político-partidarias, problemas personales de Elmo Fernández que debía hacerse cargo de la Estación de Servicio YPF, sumado a los costos, hicieron que ese proyecto descansara por un tiempo. En 1976 José Ramaciotti los llamó para que transmitieran los bailes en directo en cada lugar donde iban con Ronda Musical y todo su equipo. Cuando se jugó el Mundial de fútbol a la Argentina, llegó al país la televisión a color y los partidos se transmitían en los cines de Rosario. Allí Carlos Salvetti descubrió una forma de poder proyectar en los cines comerciales los trabajos que se filmaban. Fue así que se animaron con una Súper 8 familiar que tenía Salvetti y se podía filmar a color con calidad Kodak, naciendo el Noticiero Cinematográfico Regional con la nueva sociedad Bertoglio y Salvetti.
Llegaron a filmar quince rollos semanales, siendo uno de los mejores clientes del interior del país de la empresa. Cuando llegaba el material se compaginaba y Alcides Terráneo junto con Héctor Vale hacían la locución de los trabajos. El noticiero tuvo un éxito rotundo entrando en todos los cines comerciales de la zona. La inversión que hicieron en aquel entonces fue superior al millón seiscientos mil pesos, cuando adquirieron los proyectores para pasar el material en los salas.
El boom del Noticiero Regional llegó hasta 1982, cuando comenzaron a llegar las primeras cámaras de video. “Descubrimos que un hombre en Villa Eloísa tenía una y filmó un partido que le salió en blanco y negro”, relata Salvetti, “pero fue porque grabó mal. Así que fuimos de Lavini y le pedimos que trajera una en forma urgente. La primera filmación fue un partido en Bustinza entre Huracán y Newell´s.
Empezamos a grabar los partidos y después lo pasábamos en Zonda, con el sonido ambiente. Se juntaba una multitud a ver los partidos en el local de Santiago Delgrosso. Se cortaba la calle. Después fuimos al bar Zodíaco y también empezamos a pasar los encuentros. Fue un éxito, así que fuimos a las ligas de toda la zona, del sur santafesino y cordobés y les vendíamos los partidos. Llegamos a cobrar setecientos dólares cada match, y a juntar más de mil personas en los gimnasios de los clubes cuando los repetíamos, con cinco o más televisores transmitiendo al mismo tiempo. Héctor Vale se encargaba de vender a los clubes y a los bares, además de de ser el locutor y relataba, a veces acompañado de José Lapiuma”

En 1986, Bertoglio y Salvetti junto a una financiera local, fundaron el Cable Cañada Televisión, naciendo así la etapa más importante de la TV cañadense. De su ingenio nacieron el noticiero local Cablenoticias, Resumen Deportivo, Deporgol y Paqueterías. El primer conductor del noticiero fue Alfredo Santucho, pero también ocuparon y trabajaron en ese proyecto Marcelo Moyano, Roberto Bernasconi, José Lapiuma, Gustavo Aguilera, Uber Maccari, Miguel Gerván y Claudio Giolidoro. Sobre las historias de los conductores recuerdan que Moyano jugaba al rugby y un lunes no pudo hacerse el programa por la cantidad de curitas que tenía en la cara el conductor del programa.

Con todo el material que tenían ambos de las filmaciones sociales, decidieron hacer un programa, y Bertoglio recuerda que “apareció el Negro Bermúdez, que estaba haciendo un programa en Rosario con Pedro Oitana llamado Entre Amigos, y le tiró la idea de ser el locutor de ese proyecto, la idea era llamarlo Nuestra Sociedad pero Bermúdez nos dice, yo tengo otro nombre, Paqueterías, y en 1987 nace el programa con el Negro a la cabeza…” Cuando finalizaba el Siglo XX Bertoglio y Salvetti vendieron sus partes a la nueva empresa que tomó los destinos del Cable Local.

Al terminar la entrevista, una llamada telefónica nos silencia la noche, Pablo Bermúdez nos avisaba que su papá había fallecido. La muerte del Negro cae como un balde de agua fría. Los rostros de Rubén y Carlos me dicen que esta historia llega a su final. Había salido de gira su gran amigo, su compañero de ruta en miles de proyectos y sueños. Los pioneros de la TV perdían a uno de sus mejores exponentes. Seguramente el Negro Bermúdez ya estará en la misma mesa que Carlitos Faúl, Carlos Monchietti, Roberto Bernasconi, Elmo Fernández, Walter Gasparetti, David Castellán y otros tantos colegas que se hicieron inmortales a través de sus trabajos en los medios de comunicación. Y nosotros desde acá, tenemos que seguir pensando que la muerte cuando uno es joven significa naufragio pero cuando uno ha realizado y concretado en su extensa vida innumerables proyectos es llegar a puerto.

Que el testimonio de Rubén Bertoglio y Carlos Salvetti, pioneros de la TV Cañadense, sea un homenaje para aquellos hombres y mujeres que apostaron a dignificar los medios de comunicación de Cañada de Gómez. En ellos rindo mi homenaje y agradecimiento, que seguramente será el de toda la ciudad.

Pablo Di Tomaso

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