Historias debidas 0 699

Cañada tiene historias que por no conocerlas, o quizás porque no nos contaron todo, nos hacen perder verdaderas leyendas vivientes. Hoy les cuento parte de la vida de Esmir Garro, una mujer que con sus casi 90 primaveras le dice “Gracias” a la vida…

Por Pablo Di Tomaso

 

Corría 1926… La Argentina era gobernada por Marcelo Torcuato de Alvear, un radical descendiente de familias patricias y se realiza las elecciones parlamentarias de ese año donde el oficialismo triunfa con el 38% de los votos. Conducido por el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada, todos ellos españoles, despega desde Palos de la Frontera (Huelva) el Plus Ultra, un hidroavión que uniría España con Argentina. Con una estupenda temporada de Roberto Cherro, Boca Jrs. gana su quinto campeonato en el Fútbol Amateur de Argentina y finalmente en ese año fue publicada Don Segundo Sombra, una novela rural argentina de Ricardo Güiraldes, que a diferencia del poema Martín Fierro de José Hernández no reivindica socialmente al gaucho, sino que lo evoca como personaje legendario en un tono elegíaco.

Cuando todo eso ocurría en el país, en nuestra ciudad se producía la primera transición entre dos intendentes municipales, es decir Ricardo Andino era reemplazado por Rosendo Casañas en el palacio municipal. Pero en la zona este cañadense, allá por Colón al 200 nacía un 27 de mayo de 1926 Esmir Obdelia Garro, hija de Amadeo y de Delimene Romero. Era la sexta integrante de siete hijos, ya habían nacido Cipriano, Tita, Aidé, Atenaida y Ladys; después se sumaría a la familia Luis, el menor de todos.

Esmir recuerda que sus padres vivían muy cerca cuando eran jóvenes, en esa zona de la ciudad eran muy pocas las viviendas instaladas, predominaban las quintas entre ellas la perteneciente a los Tommasi. Su padre supo trabajar en la carnicería de su abuelo José Garro, posteriormente fue empleado en la policía gracias a la ayuda de su amigo y correligionario Luis Bianchi. Trabajo que perdiera al entrar los demócratas progresistas al gobierno, al no aceptar afiliarse al PDP por su lealtad a Bianchi. Al poco tiempo ingresó como empleado municipal donde finalmente se jubiló. Su madre siempre se dedicó a sus hijos, cuidándolos y criándolos en el calor hogareño de esas casas de alto en los tiempos en que los inviernos eran mucho más crudos y los veranos un poco más secos. Otro de los recuerdos que tiene Esmir, es escuchar a su madre las historias de su abuela, una mujer que todas las mañana salía a caminar hasta las zonas más humildes de la ciudad a colaborar con los cañadenses que sufrían el hambre y los problemas de tiempos en que la justicia social estaba lejos de llevarse a cabo. Quizás ese espíritu solidario haya sido heredado por Esmir que hasta el día de hoy, con sus casi 90 años, uno la ve caminar por la ciudad participando en todas las actividades sociales.

Su niñez estuvo marcada por los tradicionales juegos, corridas por las solitarias calles de tierras y compartir largos momentos con sus hermanos en las quintas vecinas. Entre las familias que habitaban las zonas recuerda a los Abregú, pero nunca se olvida de los Nueve Cuartos, que eran nueves familias integrada por trabajadores que estaban asentadas por calle Rivadavia entre Colón y Rivadavia, enfrente de donde hoy se encuentra la Plaza Beresiartu. “La Negrita”, como le decían, solía presenciar y hasta a veces separar algunas que otras peleas en los boliches cercanos a su casa. Pero también era la encargada de recitar los versitos en la Escuela Alberdi, ubicada entonces en Mitre y Rivadavia, cuando la dirigía Clara Martínez Pombo y entre sus docentes conmemora a las señoritas Munárriz, Tancredi, y al maestro Eliseo Giordano.

Cuando Esmir tenía tan sólo 7 años, en nuestra ciudad se produce la Revolución Radical, en ese 1933 como en varios lados del país, los radicales que resistían a la Década Infame de los conservadores tomaron lugares estratégicos para recuperar el poder. En ese diciembre Esmir veía como militantes se escondían en las quintas linderas a su casa de las garras policiales. Su madre les ordenó a los niños quedarse en resguardo en su hogar. La familia ya sabía en carne propia lo que significaba las crisis políticas, donde don Amadeo, por no querer afiliarse y unirse con los demócratas se quedó sin trabajo… Después vienen otros tiempos, la Normal, la Almafuerte, el teatro, el coro y el Peronismo…

Esmir tuvo una destacada actuación en numerosas actividades sociales, culturales y políticas. Una vez recibida en la Escuela Normal, la “Negrita” comenzó su tarea de docente primero en la Escuela Técnica de Mujeres y finalmente en la Escuela Almafuerte donde se jubiló. Ella siempre agradece a Ángel Federico Robledo, la posibilidad de poder llegar a trabajar en esos lugares, ya que su hermano Luis era muy amigo del destacado dirigente político. Sobre Robledo manifiesta “lo conocí cuando iba a comprar a la panadería de Brown y Belgrano, y recuerdo verlo a Robledo estudiando en pijamas mientras atendía, fue muy amigo de mi hermano y se veían seguido en Buenos Aires…”

El amor no estuvo ajeno a su vida, y durante muchísimos años formaron una pareja que compartieron momentos dulces y amargos de la vida. Pero también con él conllevaban la pasión por el teatro, la música y el arte. Estamos hablando de “Pilo” Politi, que a pesar que vivían en el mismo barrio, lo conoció mejor en la Peña El Lazo. Recordemos que la Peña El Lazo era una agrupación folclórica surgida en el Sport Club Cañadense en 1953 y tenía su centro en los altos del chalet de la institución. De ese encuentro con Pilo, Esmir nos cuenta que “vivíamos cerca, desde nuestros patios se veían nuestras casas… Era muy tímido en la intimidad… Recuerdo que llegó a la Peña y de a poco nos fuimos acercando… Íbamos de gira a muchas partes, cuando no trabajaba él venía… Siempre me acompañaba hasta mi casa, hasta que un buen día me preguntó si quería que fuésemos novios!!!” De esa historia de amor nació su única hija Silvia.

Otra de las pasiones fue el teatro, y allí fue convocada por Don Mansueto Viti, que vivía cerca de su casa, y junto a él estaba Salomón Spit. Esmir tuvo destacadas actuaciones en “El Conventillo de La Paloma”, “Retazo” y “Llegó don Pedro…” entre muchas obras. Entre los nombres que la acompañaron podemos citar además de Pilo, su compañero de la vida, a Tato, Osiris y Leónidas Politi, Aníbal Mattias, las hermanas Margarita y Felisa Vila, Nélida Cremona, Luis Pisarone, José Marcolini, Antonio Disanto, Salvador Bondi, Haydeé y Norma Bautista, Romualdo Fabro, Armando Ambrosio, Onildo Beltrán, Enzo García, Eduardo Pérez Vásquez, Enriqueta Solari, Raúl Caminos, Humberto Bonadies, Pilar Martínez, Evita Román, Jorge Rearte, Fulvia Calderón, Ricardo Delgado, Néstor Fernández, Oddone Forte, Luis Césiro Piccinini, Elsa Tavacchi, Hilda Blasco, Francisco Cuccinatto, Leonilda Lamagna e Italia Bonisoli. Esmir recuerda que su madre la acompañaba siempre, “yo era muy joven, tenía 20 años, y ella al lado mío, hasta en los bailes…” Unas de las lindas historias que rememora Esmir, es cuando el colectivo con el que iban de gira se les rompió en un camino de tierras y ella junto a Tato Politi salieron en busca del arreglo, al regresar lo hicieron junto a un policía que encontraron en el trayecto, al llegar Tato hizo una de sus tantas picardías, al hacerse pasar por preso, esto hizo que la madre de Esmir, doña Delimene se asustada tanto que enseguida tuvieron que decirle que todo era una broma. También en el marco de la actuación, pero esta vez en el canto, Esmir integró el Coro de la Asociación Cultural, que tuvo como primer director a Cristian Hernández Larguía para luego continuar con esa tarea la recordada Hilda Cibaldi de Giordano.

Por último podemos recordar su tarea política en el Partido Justicialista, a él llegó de la mano de sus amigas Angelita y Polola Cremona y juntas apoyaban a la primer senadora mujer de Santa Fe, la cañadense Romilda Montoya de Disanzo, quién fuera la autora de la ley que denominó a Cañada de Gómez como Ciudad Evita entre los años 1953 y 1955. Esmir tuvo el privilegio de conocer tanto a Evita como a Perón. A Eva la conoció en la Estación Cañada de Gómez cuando el tren en que viajaba paró las dos veces que pasó por la misma. “Era hermosa, tenía un cutis bellísimo, estaba vestida sencilla con una mañanita y un tapado negro, a su lado su hermano Juancito”. Posteriormente, en el Luna Park, vio a Juan Domingo Perón y la Primera Dama en una actividad que asistieron maestros del país. Ella pudo lograr sentarse muy cerca de ellos y aún recuerda la estampa del General, todo un estadista y Evita junto a él dando el apoyo y el empuje que se necesitaba para hacer lo que se hizo en esos maravillosos años.

Esta es parte de la vida de una mujer, de una madre, de una artista, de un ser humano con un corazón inmensamente solidario que le aportó todo lo que pudo a esta ciudad. Cuando cerrábamos la entrevista le dije a Esmir si quería agregar algo, ella con lágrimas en sus ojos me dijo… “nada Pablo, simplemente gracias a la vida…”

 

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En memoria de Carlos Faúl 0 1247

Por Pablo Di Tomaso

Así se tituló su última nota en Estrella de la Mañana y aunque cuesta creer que su silbido no se escuche por la ciudad, que fue muy duro comenzar el festival sin él y aún hoy, muchas veces, lo espero con el mate caliente para compartir anécdotas en el museo como solía ir, siempre y cuando no haya nadie, porque según él hablábamos el mismo idioma.
Les puedo asegurar que en una grabación de cincuenta minutos, donde volví a escuchar su voz, me pareció tenerlo cerca y quizás no nos demos cuenta ahora pero con el paso del tiempo será un acervo cultural de la ciudad muy valioso, tampoco voy a negar que un par de veces mis ojos se humedecieron al retornar a la realidad y saber que él ya no está.

Su vida no fue fácil, desde niño hasta el último de sus días fue un tipo sencillo, humilde, servicial y compañero, es que la vida lo había marcado y mucho.
Fue amado y aclamado por los músicos, que gracias a su festival tuvieron su primera oportunidad de cantar frente al público, fue querido por todos aquellos que tuvieron la oportunidad de ser homenajeados en vida cuando realizaba el programa Mi Ciudad y fue admirado por los miles de niños que conocieron la historia cañadense gracias a él, o jugaron a las bolitas o ganaron sus torneos de fútbol intercolegial.
También fue criticado por un sector que no pudo aceptar su forma de ser, que no creían en su estilo de hacer historia y ser peronista a veces le trajo dolores de cabeza, hasta le quisieron sacar Las Tres Lunas para llevarlas al Parque, o le quitaron el apoyo económico a su programa o lo exiliaron al Museo. Pero él, siempre lo arreglaba con una sonrisa… Solía decirme: Pablo, todas esas críticas me entran por un oído y salen por el otro, lo importante es trabajar y hacer feliz a la gente.

Hoy quiero compartir con ustedes, una entrevista que le realicé en febrero del 2014, y lo que será parte un libro terminado que presentaremos próximamente. Ese día Carlitos me recibió en su casa de calle Pellegrini al 900, donde en el living se lucia orgullosamente un escudo del Partido Justicialista, la compañía de su perro y Richard un amigo peruano que compartió con él sus últimos tiempos.

«Nací en El Trébol el 25 de enero de 1940, y hasta los cuatro o cinco años vivimos allí. Mi papá Leopoldo era petisero y cuidaba los caballos de polo de la familia De Lorenzi, inclusive estuvo a punto de viajar a Estados Unidos llevado por los patrones a un campeonato de la disciplina», así comenzó Carlos su relato continuando su repaso de aquella etapa inicial de su vida, «pero mi papá le tiraba más la idea de trabajar en el tambo, así fue que la convenció a mi madre Ana María para que nos traslademos hacia Tortugas, donde nos instalamos a seis leguas al sur del pueblo. La escuela primaria la hice en Campo Charo». Recordemos que además de sus padres, la familia Faúl Latmann la integraban sus tres hermanos, Leopoldo Luis, María Lisel e Isabel. En aquella chacra de Tortugas, Carlitos solía ir a cuidar a las vacas, subido a su caballo, acompañando al ganado a pastorear. De esas jornadas en solitario nace en él su pasión por silbar, es que según nos expresa no era muy ducho cantando y era una manera de acompañarse modulando las canciones de la revista El Alma o Canta Claro. Pero en esos años conoce a su primer amor, el peronismo… «Con Perón empezamos a tener derechos, yo recuerdo como ponía el lomo mi padre y muchas veces pasábamos miserias, con la llegada del General y de Evita todo fue distinto, pudimos crecer, educarnos y trabajar más dignamente.»

Cuando comenzaba la década del sesenta, los Faúl se vinieron a Cañada de Gómez y se instalaron en la quinta de los Perassi a trabajar el campo… «Lo más cerca que teníamos era el Almacén de los Governatori, no teníamos luz, estábamos muy lejos, recuerdo a mi madre decirle a la vecina más cercana avíseme cuando vaya al pueblo para ir a comprar lo necesario…» Así fue que en 1961 ingresó como obrero a La Helvética, su hermano Leopoldo se había vuelto hacia El Trébol, Isabel se la rebuscaba de peluquera y Mari trabajaba en la venta de flores de los Galizzio, de esa manera la familia decide trasladarse a la vivienda de calle Pellegrini. En La Helvética trabajó hasta 1967 para empezar a darle forma a sus primeras letras en Estrella de la Mañana como cronista deportivo, pero a su vez también ejercía tareas en la imprenta con la linotipo, donde a altas horas de la madrugada finalizaban sus tareas para posteriormente ir a desayunar al bar de los Beltramone en la esquina de Ocampo e Yrigoyen comenzando así una relación con el municipio, ya que antes de irse a su casa a descansar se daba una vuelta por la secretaria del intendente para ver si había alguna novedad para el diario. Allí entabló amistad con Juan Carlos Santana, Molina y Romagnoli y fueron quienes lo incentivaron para que intente trabajar en la municipalidad. De ese momento nace una de las anécdotas más recordadas de la ciudad, donde Carlitos recuerda que «de tanto que insistieron pedí una audiencia con el intendente Hildo Storni, y así fue que llegué a la oficina de Molina y le digo que iba a hablar con Storni, Molina que no era muy claro en su escritura, en vez de poner Faúl puso Falú, y justo en esos día andaba Eduardo Falú en la ciudad donde actuaría en el Sport Club. Don Storni al leer que Falú ingresaba a su despacho se preocupó por atenderlo de la mejor manera, compró bebidas y masas finas de Ritz, y mientras tanto protestaba ¡cómo no me dijeron antes que venía este artista a visitarme!, bueno, ni te quiero contar cuando me vio entrar, ¡quién es usted!, me dijo el intendente… Faúl le dije, con mi cara de campesino asustado, ¡pero esto es una joda! gritó Storni, mientras retaba a sus secretarios por el error… Así fue que ingresé a la muni, con masas finas y el enojo del intendente… »

Sus primeros trabajos en el municipio, a partir de noviembre del ´69 cuando ingresó, fueron vender boletos en el balneario La Florida, después trabajó con los inspectores Chirino y Vera, de allí se fue a Inspección General siendo Don Bondoni su jefe, sobre esta persona Carlos recuerda que «usaba unas galochas para cuando lloviese conservara sus zapatos y las dejaba siempre en un lugar de piso de madera, un buen día los muchachos se las clavaron, cuando se las pone se pega un golpe infernal, pobre Bondoni, eran bravos los compañeros!!», posteriormente fue inspector de Obras Privadas, donde según él expresa «no entendía nada!!!!», hasta llegar al final del mandato de Storni allá por el ´73 a colaborar en la Secretaría privada donde manejaba el mimeógrafo para transcribir las ordenanzas y decretos, aduciendo que le costaba un Perú manejar el aparato… Desde la llegada del Quique Albertengo en marzo del mismo año Carlos Faúl comenzó su tarea de prensa en el municipio, manteniéndose en las dictaduras de Cabezudo y Butassi y en el retorno definitivo de la democracia con el Quique nuevamente, Balbuena y Audano. Al llegar el Partido Demócrata Progresista, el entonces intendente Abel Romegialli decide sacarlo de la oficina donde tanto empeño puso en casi 20 años para ir a trabajar a un olvidado escritorio de Parques y Paseos, como una especie de castigo por estar identificado con el Partido Justicialista. Faúl siempre me comentaba que a él le había pasado lo mismo que al colectivo de pasajeros que tenía el municipio y que por decisión también de Abel Romegialli deciden no utilizarlo más, una buena mañana con sus vidrios llenos de tierras, se pudo leer en el parabrisas del mismo “Te pararon por peronista”.

Así fue que comienza otra etapa de la vida de Faúl, cuando el entonces director del Museo Dr. Álvarez le pide al Secretario de Gobierno Héctor Alsina tener a Carlitos como colaborador en el Museo Histórico Municipal que se encontraba en los Altos del Verdi. A pesar que llevaba unos cuántos años produciendo y conduciendo el programa Mi Ciudad, junto a Daniel Ferrero y su equipo, fue en esos años que Faúl empieza con mayor empuje a escribir la historia cañadense desde una mirada más pueblerina y popular… «No me fue fácil –manifiesta Carlos- porque no coincidíamos con Álvarez en la forma de ver la historia, discutíamos mucho, pero nos respetábamos. Muchas veces me llamó la atención mediante cartas porque filmábamos sin el permiso de él escenas en el Museo del programa, o cuando tenía que salir para hacer entrevistas. En el fondo mi trabajo, sea para Mi Ciudad o para Estrella, contribuían para la historia local y a su vez para el Museo. Pero a pesar de todo, fueron años muy hermosos, enseñarles a los chicos, acompañarlos por los lugares históricos de la ciudad, fue algo que me enriqueció notablemente.» En la gestión de Amílcar Abate deciden que Carlos Faúl vuelva al palacio municipal a colaborar con la misma, pero antes de irse filmó una recordada escena para el programa La Peste, que conducían Rubén Carrera y el recordado Luis Salomón, donde se asomó a los balcones del Verdi saludando como El General.

No debemos olvidarnos, que hace un tiempo atrás, a causa de un problema serio de salud de José Antonio Ramacciotti, director de Estrella de la Mañana, Carlos dirigió interinamente junto a Eduardo Navarro y Alberto Di Paola el citado matutino local. Pero es preciso decir, que la Columna de Faúl fue un clásico de los últimos 20 años, donde en pequeñas crónicas recordábamos a personajes, hechos y lugares de nuestro pasado.

Sin lugar a dudas los máximos logros de Carlos sean el Programa Mi Ciudad, Las Tres Lunas y las jornadas para los niños. Arranquemos por Las Tres Lunas y cómo comenzó, «Lala insistía en hacer un parque para los chicos más humildes, y no sabíamos como hacer para conseguir fondos para construirlo. Me acuerdo las peleas que tenía Lala con Albertengo y después con Balbuena, porque ella lo que se proponía lo lograba, tanto insistió que una noche, con unos muchachos sacó dos arcos de maestranza y los clavó en el campito… Nunca se animaron a sacarlo, jajaja. Fue una noche, que estaba Lala, vecinos del barrio y yo, y propusimos hacer una peña folclórica donde canten y bailen los cañadenses y algunos de la región. No sabíamos que nombre ponerle hasta que a don Melera, al ver la luna radiante, dijo ¿Y si le ponemos las Lunas de Cañada?, y como fueron tres noches así nace el nombre Las Tres Lunas… Desde sus inicios la gente nos acompañó, el primer escenario era un acoplado a espaldas de Calle Rawson con una tela de Tienda La Imperial donada por Castells de fondo y el sonido era de un chico de apellido Díaz que vivía en el barrio… Era el verano de 1988… »

Con respecto a Mi Ciudad recuerda que «aunque mi pasión por la historia se acentuó en mi paso por el Museo durante diez años… El programa Mi ciudad comenzó a gestarse en el gobierno de Enrique Balbuena, quién me apoyó incondicionalmente en mis proyectos… Empezó con un micro y después vimos que era algo que iba para más grande, hablé con Daniel Ferrero y así con el esfuerzo de muchos, como Poggiana, los hermanos Sosa, Laura Bianchi y otros hicimos más de trescientos capítulos… No fue fácil, tuve mucha contra de parte de quiénes veían la historia de una manera más clasista… Pero fue un aporte importantísimo a la historia local que ahora se valora por las vivencias allí desarrolladas. Estamos viendo con Daniel de empezar de nuevo con el proyecto… » (N. de la R.: El programa comenzó a reeditarse y sale semanalmente por Canal 2 de Cablevisión). Las jornadas para los niños nace como iniciativa propia durante la gestión de Stella Clérici, contando no sólo con la colaboración de la intendenta sino con todo su equipo donde Carlos fue parte del mismo como Colaborador Institucional.

Queda para el final de esta historia, su gran historia de amor, la que tuvo con Estefani Stankevich, la Tía Lala… Ella fue quién lo afilió al Peronismo, a ese partido que le había cambiado la existencia cuando era niño. «Fue el amor de mi vida… A Lala la conocí, cuando ella trabajaba con los chicos humildes, y en 1973 llegan los torneos Evita y participamos juntos en la campaña del Quique Albertengo… Me acuerdo que se consagró sub campeón el equipo de Lala, y la canción del equipo era Meta pico, meta pala este es el equipo de la Lala, así fue que ella consigue la Colonia de Bustinza en Carlos Paz y en aquel viaje llevando a los chicos del barrio de vacaciones iniciamos una historia de amor que duró 30 años…». A Lala también la acompañó en su carrera política cuando en 1993 fue elegida concejal de la ciudad, «la campaña fue extraordinaria, su histórico bombo, fue sorprendente esa elección», tan sorprendente como la que tuvo Carlos en 2003 cuando acompañando a Stella Clérici aportó los votos necesarios para que por primera vez una mujer fuera intendenta de la ciudad, quedando a muy pocos votos de entrar como concejal… «Stella es lo mejor que nos pudo pasar, una mina de fierro, con mucho empuje, nos queremos mucho y eso siempre me alentó a colaborar desinteresadamente con ella en lo que me necesite.»

Al poco tiempo de hacer esta entrevista Carlos comenzó con sus problemas de salud, se recluyó en su hogar, en su familia, hablaba con pocos… Con quién esto escribe habló una semana antes de partir alentándolo a seguir con el trabajo que se hacía en el nuevo Museo Histórico, con Raquel Di Paola compartieron la alegría de poder traer al Chaqueño Palavecino a sus Lunas, como él venía pidiendo… La mañana del 23 de octubre de 2014, Richard un amigo peruano que compartió con él sus últimos tiempos, lo encontró sin vida en el patio de su casa y a partir de ese momento Carlos Faúl comenzó una gira en la que algún día nos reencontraremos…

Aunque su nombre esté grabado en el escenario mayor del festival, en un pasaje del Barrio Estanislao López y la delegación sur lo recuerda en su presentación, es pequeño a comparación de su legado, él fue el autor de muchas de las cosas que sucedieron en la ciudad, Las Tres Lunas, Mi Ciudad, su tarea en el Museo, las Columna en Estrella de la Mañana, sus paseos con los alumnos por Cañada, los torneos de bolitas, de fútbol, su militancia, su personificación del General Perón, sus amigos, sus amigas, su silbido, su voz… Todo eso lleva la marca de un hombre que hizo feliz a muchas generaciones de cañadenses.

Pablo Di Tomaso

 

“A veces uno se hace la ilusión que el público que nos viene a ver es siempre el mismo” 0 0

Desde hace un tiempo se lo oye opinar públicamente sobre temas políticos, aparece como novedoso a lo largo de su trayectoria.

Es cierto. Pero no soy operador político ni periodista político, simplemente alguien que tiene opiniones, y si me las preguntan, contesto. Mi contribución al tema pasa, sin embargo, por no echar más leña al fuego. Son tiempos ásperos, la sociedad argentina está enfrentada, y no me gustaría participar en ese concurso de ver quién es más ofensivo.

 

Desde sus tiempos de Satiricón, otras revistas, mucha radio, las formas de comunicar han cambiado de tal manera pero Dolina se ha adaptado, o la gente se adaptó a Dolina 

En la ciencia, cuando se estudia la relación entre un sistema y su entorno, se dice que el sistema reacciona adaptándose, y a veces modificando al entorno. Ojalá que yo haya podido modificar en algo ese entorno, modificándome a la vez a mí mismo.
Los cambios no se producen tras una reunión de producción: “Hoy le vamos a poner a este día… ¡miércoles de ceniza!….” Estos cambios, así, casi nunca salen bien. Lo usual es que parezcan casi imperceptibles, pero con el paso de los años, se advierte que fueron drásticos, no en el tiempo, sí en la intensidad.
A veces escucho un programa hecho hace veinte años. Casi no cambió nada, pero sí. Yo no tengo la misma voz, ni la misma gracia, ni los mismos gustos, pero veinte años de radio me han hecho aprender algunas destrezas. Si uno no tiene suerte, todo lo que hará es tratar de acomodarse a las nuevas realidades, pero si tiene fuerza, tal vez las modifique en alguna medida.

 

¿Se puso a pensar, en todos estos años, cuántas generaciones han pasado por el programa?

Muchas, demasiadas, a veces uno se hace la ilusión que el público que nos viene a ver es siempre el mismo, pero no, por ahí son los hijos de los que nos escuchaban entonces. Si hasta mis hijos están en el programa, quienes eran chicos en esa época. Pero a mí me gusta fluir, ver el cambio, mis compañeros cambian, a veces son otros, a veces los mismos pero que se han modificado.

 

 

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